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P05. A. BRUCKNER

viernes, 05 diciembre, 20.30 h.
sábado, 06 diciembre, 20.00 h.
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Director
STEFAN LANO

Sinfonía nº 4 en Mi bemol mayor, “Romántica” (versión 1881), A. Bruckner

En el austriaco Anton Bruckner encontramos a uno de los más destacados sinfonistas de la historia. Una marcada tendencia a la monumentalidad en sus obras orquestales se demuestra por sus grandes dimensiones en las que se multiplican temas y desarrollos desde una amplia instrumentación, siendo esto último lo que produce una característica densidad de volumen sonoro, donde busca la exaltación del acorde perfecto desde la convicción del sistema diatónico wagneriano tan admirado por este compositor. Es así que se puede afirmar que sus sinfonías constituyen de alguna manera una réplica orquestal al lirismo dramático de Wagner, sin llegar al gusto por los empastes y amalgamas tímbricas conseguidas por el genial operista alemán. A su vez hay que considerar que en sus composiciones tiende a la creación de potentes bloques temáticos conectados más por el ritmo que por un tejido melódico-armónico, lo que lleva a pensar en lo que ya había apuntado Franz Schubert en su Novena, "La Grande", al que está consecuentemente bastante próximo. Estas características de su música parecen contradecir su carácter de persona tímida, de retraído comportamiento y con falta de confianza en sí mismo, llegando su humildad hasta la renuncia, sumisión y sacrificio, devenida de su sentido de la resignación anclado en una profunda fe católica desde sus años de infancia pasados en el colegio de la Abadía de San Florián cerca de Linz, ciudad donde llegó a ser organista de su catedral.
El dilatado tiempo que duró la creación de su Cuarta Sinfonía, "Romántica" y el gran esfuerzo en su depuración, ya que pueden contarse hasta cuatro intentos para llegar a su definitiva versión, merecieron la pena. En su primer movimiento, el metal suena de manera mágica envuelto en la reluciente serenidad de las cuerdas. Una especie de onírica procesión parece discurrir en el segundo, que se contrasta con el agitado y cinegético Scherzo que le sigue, sin duda el más fantástico de la obra donde se describen sonidos de caza. Por último el imponente crescendo del Finale, que ha de ser interpretado de manera animada aunque sin precipitación, concluye en una especie de visionario hosanna que lleva a imaginar la infinita grandeza de Dios. Un apunte más de la personalidad de Bruckner relacionado con esta obra es la anécdota que refiere el director de orquesta Hans Richter, que la estrenó el 20 de febrero de 1881 en Viena, después de un ensayo al que asistió el compositor: “Por primera vez ensayaba yo una sinfonía de Anton Bruckner. Cuando terminé, Bruckner vino hacia mí. Estaba ardiente de emoción y felicidad. Sentí que me ponía algo en la mano. Era un tálero. ‘Tomadlo -me dijo- para beber un vaso de cerveza a mi salud’. Fue esa ejecución de su sinfonía la que le valió su primer éxito auténtico”. Sin duda, la Romántica es de sus sinfonías la más indicada para introducirse en el conocimiento y disfrute de este compositor.

www.orquestafilarmonicademalaga.com

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