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PROGRAMA 07.
P.I. TCHAIKOVSKY

viernes, 20 diciembre, 21.00 h.
sábado, 21 diciembre, 20.00 h.
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02 septiembre A 30€  B 22€  C 16€  D 11€ Aplicables descuentos habituales

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Director
JESÚS MEDINA

ESCOLANÍA STA. MARÍA DE LA VICTORIA
Director Escolanía NARCISO PÉREZ DEL CAMPO

Cascanueces, Op. 71, P.I. Tchaikovsky

"A ti me dirijo amable lector Federico..., Teodoro..., Ernesto, o como te llames, rogándote que recuerdes el último árbol de Navidad, adornado de regalos. Así, podrás darte cuenta exacta de cómo estaban los niños: quietos, mudos de entusiasmo, con los ojos muy abiertos; y sólo después de transcurrido un buen rato la pequeña María dijo dando un suspiro: - ¡Qué bonito!... ¡Qué bonito!...". Año tras año, la Navidad parece renovar la escena que Ernst Theodor Amadeus Hoffmann describe en su Cascanueces y el rey de los ratones. Tchaikovsky la recupera, impelido por un encargo del Teatro Marinsky de Moscú, y convierte al célebre cuento en un no menos popular ballet.
Hoffmann, Tchaikovsky y Petipa (el coreógrafo del estreno el 18 de diciembre de 1892) crean un cuento de Navidad en el que la realidad y el sueño, la verdad y la fantasía se confunden. Ese universo cargado de símbolos, de ensoñaciones revela todo su esplendor en "Un bosque de abetos" o en el "Vals de los copos de nieve". Tchaikovsky nos invita en echar la vista atrás y recuperar esa Navidad de la infancia, que aun idealizada, promete placeres infinitos y felicidad. Así nos parece oírla en la "Danza de los mirlitones". Sin embargo, no podemos evitar que la mirada se motee de un cierto aura de nostalgia, como la que tiñe la sección central a cargo de violonchelos y violas del "Vals de las flores".   
En El Cascanueces nos deleitamos con una sucesión de miniaturas contrastantes, algunas narrativas (como la trepidante "Batalla entre el Cascanueces y el rey de los ratones") otras colorísticas, culminadas todas ellas con un pas de deux, donde los dos protagonistas, el hada Golosina y el príncipe, se exhiben antes de la apoteosis final.
Cuando Tchaikovsky escribe El Cascanueces era ya un compositor célebre por su don melódico y su maestría para las caracterizaciones sonoras. Para conseguir éstas dispone de una inagotable inventiva, que se enardece ante la novedad de un instrumento musical que ha escuchado en París, "algo a medio camino entre un piano pequeño y un glockenspiel, con un maravilloso y pesado sonido". Se trataba de la celesta que quiere utilizar en primicia antes de que otros compositores rusos "se enteren y hagan uso de sus inusuales efectos antes que yo". Acompañada de arpa y del clarinete bajo, protagoniza la "Danza del hada Golosina".

Pero si Navidad tras Navidad se sigue escuchando El Cascanueces, más allá de sus indudables logros sonoros, es porque, en cierto modo, volvemos a ver con la inocencia de los ojos de un niño el árbol de Navidad rodeado de regalos. "¡Qué bonito!... ¡Qué bonito!..."

www.orquestafilarmonicademalaga.com

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