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PROGRAMA 05. S. BROTONS,
M. RAVEL y A. DVORÁK

viernes, 15 noviembre, 20.30 h.
sábado, 16 noviembre, 20.00 h.
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02 septiembre A 21€  B 16€  C 12€  D 7€ Aplicables descuentos habituales

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Director
SALVADOR BROTONS

Piano JUAN PÉREZ FLORISTÁN

Intrépida, S. Brotons
Allegro | Lento | Allegro
Concierto de piano para la mano izquierda en Re mayor, M. Ravel
Lento | Andante | Allegro | Tempo 1º
Sinfonía nº 6 en Re mayor, Op.60, A. Dvoràk
Allegro non tanto | Adagio | Scherzo (Furiant). Presto- Trío. Poco meno mosso
Finale. Allegro con spirito

Puede resultar arriesgado salirse del camino trazado. Estos tres compositores lo hicieron, y es quizás ese arrojo una de las razones del valor que le otorgamos a sus músicas. Precisamente por ser Dvoràk, Ravel y Brotons.
Nace Antonín Dvoràk (1841-1904) en una pequeña localidad al norte de Praga, donde se respira el inestable equilibrio entre la cultura germánica dominante y la bohemia. Una dualidad que, sin duda, deja su huella y enriquece la música del compositor. La médula de su formación es alemana. Lo es también Johannes Brahms que le brinda todo su apoyo. Podría haberse convertido en un seguidor brahmsiano más. Sin embargo en sus sinfonías románticas no deja de latir el pálpito de las músicas populares checas, en perfecta armonía.
Esta ambivalencia enriquecedora colorea la Sinfonía nº 6 en re mayor, op. 60, en la que la orquesta se complace tanto en las sonoridades plenas y brillantes del conjunto como en delicadas conversaciones entre solistas o pequeños grupos. Como una clara concesión al sentimiento nacionalista, Dvorák incluye un furiant, una típica danza. No hubo mejor carta de presentación para este cosmopolita músico checo.
Tampoco se conforma Maurice Ravel (1875-1937) con la cómoda protección de la sombra de Claude Debussy. Así, cuando sus obras alcanzan la consideración de ser el mejor referente de la música francesa se han alejado ya de las untuosas y brumosas sonoridades debussyanas y han adquirido la limpidez y cincelamiento que le son propias.
El pianista Paul Wittgenstein, tras la pérdida de un brazo durante la Primera Guerra Mundial, le encarga una obra. Un concierto de piano para una sola mano, la izquierda, y Ravel decide recuperar las plenas sonoridades del gran repertorio concertante. Tampoco está dispuesto a prescindir de la alquimia orquestal que le ha encumbrado y que tiñe en esta ocasión de resonancias jazzísticas. Orquesta y piano se retan, se amalgaman sin confundirse, al igual que melodía y acompañamiento. Así nace el Concierto para piano y orquesta en re mayor.
Salvador Brotons (1959) siempre tuvo claro que el camino de la ruptura, de la ocultación de emociones, del extrañamiento del compositor ante el público, que ha imperado durante buena parte del siglo XX no era el suyo. Él presenta su música como un gozoso viaje sonoro. La introspección y la sinceridad están en el comienzo y a partir de ahí escribe, como en esta pieza sinfónica, Intrépida, una música generosa, emotiva, repleta de contrastes: entre cada una de las secciones, entre los temas, en el tratamiento de la orquesta o en la dinámica. Todos estamos invitados.

www.orquestafilarmonicademalaga.com

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